Cierto es que se han buscado -y se buscan- alternativas para solventar, dentro de lo posible, la situación con el déficit de la circulación del efectivo, lo que se ha convertido en un agobiante problema.
Recientemente, tuvimos un alegrón cuando conocimos de la “inyección” que recibió la provincia de nuevos billetes, los que en su mayoría fueron de alta denominación y hasta donde sé, cero moneda fraccionaria.
Pero, en honor a la verdad, la realidad no ha cambiado mucho. En esta semana fuimos a varias sucursales bancarias del centro de la ciudad cabecera y el panorama era similar: frente a estas una gran cantidad de personas aglomeradas intentando extraer efectivo.
¿Opiniones? Varias y ninguna favorable.
Por ejemplo, en el que está en Santo Tomás esquina a Heredia -en el corazón de la capital provincial-, había una cola bastante organizada y al indagar, algunos clientes comentaron que les informaron que el lunes y el martes no brindaron servicios, porque hubo problemas a nivel nacional con la conexión, por esa razón atenderían a los que en esos días habían entregado el
Carnet de Identidad.
En el que está en San Pedro, esquina Aguilera, igualmente había personas desde horas tempranas esperando para lograr su objetivo. Mientras que en el de Aguilera entre Corona y Santo Tomás, al lado de la Empresa Eléctrica, existía un tumulto de usuarios que llegaba a la vía, obstruyendo el paso vehicular, además de poner en peligro su integridad física.
Posteriormente, nos detuvimos en la sucursal ubicada frente a la Plaza de Dolores; en la escalera de acceso a la entrada se concentraba igual cantidad de personas, inconformes con determinados comportamientos: el que llega y quiere resolver sin tener en cuenta que hay una fila; el “sociolismo” que no puede faltar, a lo que se suma además, la forma descompuesta de algunos empleados, quienes con su proceder, dan la imagen de que están haciendo un favor y no cumpliendo un deber.
Allí, escuché disímiles criterios: Justa dijo estar en la cola desde las 7:00 a.m. y ya eran las 10:30 a.m. Rosa afirmó: “Esto es un relajo, uno viene temprano y comienza a aparecer gente que dicen que estaban aquí desde la noche anterior o que vinieron de madrugada”.
Al tiempo que Alicia, comentó: “usted sabe lo que pasa, aquí vienen los coleros, cogen los primeros turnos y después los venden, esto no es fácil”. Por otra parte Ignacio afirmó: " uno llega a las 6: 00 a.m. y casi siempre los turnos del uno al 10 están cogidos, y son siempre las mismas personas; yo vengo casi todos los meses y las caras son las mismas”.
Raúl reflexionaba: “¿Cómo se acaba con esa lacra social?, pues poniendo un policía, haciendo operativos, como han hecho con los que cambian al porciento; en mi tiempo, a esas personas se les llamaba garroteros, males del pasado que intentan florecer y a los que hay que cerrarles el paso”.
No nos alcanzaría el espacio para reseñar lo que pensaban los presentes de los servicios bancarios; sin embargo, las insatisfacciones son coincidentes. Es muy lamentable que el trabajador no pueda extraer el dinero, fruto de su labor, depositado en tarjeta magnética, por no disponer del tiempo para hacer esas colas, o en el peor de los casos, tenga que dejar de trabajar para conseguirlo, debido a causas objetivas y subjetivas.
En este panorama, entra en escena la otra cara de la moneda. Casi ningún comerciante privado quiere aceptar el pago electrónico; y en ocasiones, uno tropieza con esa piedra en algunas instalaciones estatales.
Se limita la cantidad de productos que se pueden adquirir por las pasarelas de pago.
Todo esto debido a que, aunque se anunciaron medidas para propiciar que todas las formas de gestión de la economía, pudieran extraer el monto de efectivo que necesiten para sus operaciones, estas no se materializan aún.
Se precisa la conjugación de voluntades de todos los implicados para seguir buscando alternativas que garanticen que cada quien pueda disfrutar de su dinero sin contratiempos.