Las decisiones centralizadas, justificadas por el contexto, limitaron el accionar de los territorios y todavía nos cuesta la arrancada; porque ya lo dijo Einstein: “es más difícil desactivar un átomo que un preconcepto”.
Hoy las posibilidades son muchas en las empresas estatales para que puedan desarrollarse, innovar y buscar soluciones económicas; sin embargo, no pocas cosas se diluyen todavía en trámites burocráticos o en largas esperas, que ya no dependen de directrices centralizadas, sino de estilos de trabajo que ya no son viables.
Es cierto que para el sector estatal hay muchas libertades otorgadas que pueden mejorar la economía y el salario del trabajador, que es uno de los más golpeados en medio de una creciente inflación, y a veces siento que el proceso, en la base, es demasiado lento para las demandas tan urgentes.
Quizás es necesaria una mayor preparación del personal que debe adoptar decisiones, de quien debe manejar las regulaciones que sustentan cada una de las medidas, y de la población en general, que puede aportar desde las comunidades.
Estas transformaciones involucran la empresa estatal socialista y las formas de gestión no estatal; reconfiguran las relaciones de propiedad, el papel del mercado y la planificación y la vida cotidiana de la población. Buscan, en síntesis, levantar una economía asfixiada por el más cruel bloqueo del gobierno norteamericano.
Estas medidas y transformaciones otorgan mayores facultades a directivos de empresas, a los gobiernos locales, a gestores no estatales, para salvar a un país en urgencias de todo tipo. Intentan desatar potencialidades en lo económico, con la creatividad de todos, sin dejar atrás el proyecto social que siempre defendimos.
Hace pocos días, el Primer Ministro de la República, Manuel Marrero Cruz, detalló que en los últimos tres meses el país se ha enfocado en diseñar su implementación con 160 propuestas concretas y 197 normas jurídicas aprobadas.
Explicó que “ha sido un trabajo arduo, no exento de insatisfacciones en tanto no se aprecia el resultado deseado” y también mencionó el desafío de buscar un equilibrio entre lo económico y lo social.
Es cierto que entre la población hay escepticismo, y se esperan resultados positivos en la vida cotidiana. No obstante, más allá de los anhelos -y con los pies en la tierra-, esto solo será posible si renovamos y desprejuiciamos el pensamiento, propiciamos la participación en cada centro laboral, municipio y provincia que, como patrias chicas, es donde se materializa todo.