Tras casi tres décadas de laborar en la Aduana de Cuba, donde se desempeñó como especialista y jefe de Recursos Humanos, este hombre alegre decidió volver al servicio público, convencido de que mantenerse activo es la mejor manera de vivir plenamente.
Su rutina laboral comienza temprano, a las ocho de la mañana, y se extiende hasta la tarde. Muchas veces lleva trabajo a casa, convencido de que la mente nunca se desconecta del deber. “El viejo que se queda en su casa se enferma. El trabajo te mantiene activo, te hace sentir bien”, afirma sonriente.
Ingresó en la Aduana en 1981, donde permaneció hasta 2010. Se desempeñó como especialista y jefe de Recursos Humanos, y cumplió misiones internacionalistas. Moreno defiende la responsabilidad como valor esencial en la labor aduanera. “Ser aduanero no es enriquecerse, es proteger la frontera de la droga y la corrupción. Es una
responsabilidad muy grande ante la sociedad”, explica.
Con orgullo recuerda a compañeros que dedicaron toda su vida a esa labor que el tanto ama.
En 1983 cumplió uno de los hitos más importantes de su vida: la misión internacionalista en Angola. Allí fue jefe de batallón y especialista en una unidad de reserva. “Esa misión me permitió conocer otros pueblos y ver de cerca lo que había leído en los libros: el internacionalismo proletario. Vi la pobreza que dejó el colonialismo y comprendí que la lucha de los pueblos es justa”, relata.
Durante su estancia, conoció también el papel fundamental de las mujeres africanas en la lucha, lo que reforzó su convicción sobre la importancia de darles su lugar en la sociedad. “Las mujeres en África
jugaban un papel preponderante en la lucha, y eso me enseñó mucho”, afirma.
Ya jubilado, la vida le dio una nueva oportunidad: ser recontratado en la actividad de defensa y posteriormente volver a ese puesto de trabajo donde pasó la mayor parte de su vida, el área de Recursos Humanos.
“Volví a encontrarme con compañeros viejos y con jóvenes que podrían ser mis hijos o nietos. Eso me da gran satisfacción porque ellos me enriquecen con lo nuevo”, afirma Moreno, siempre con optimismo.
La modernización tecnológica de la Aduana lo sorprende y lo motiva.
“Cuando yo llegué aquí no había celulares. Hoy los jóvenes se comunican por teléfono y hablan de inteligencia artificial. Con mi edad estoy insertado en ese mundo, y eso me ayuda a conocer nuevas cosas”, dice con orgullo.
Aunque reconoce que la salud puede ser un límite, Moreno se mantiene firme en su propósito de seguir trabajando mientras la mente y el cuerpo se lo permitan. “Me dio el chikungunya, estuve cinco días
sin poder caminar, pero no me dejó secuelas. Yo pienso llegar, con salud, por lo menos a los 80”, asegura.
El respaldo de su familia ha sido fundamental. Padre de tres hijos, asegura que todos lo animan a seguir trabajando. “Nunca me han dicho que no lo haga. Al contrario, me hacen sentir bien”, comenta.
Desde pequeño, creció en un entorno profundamente revolucionario. Su abuelo y su padre fueron combatientes, y esa tradición lo educó en el valor de la justicia y el compromiso con su país. “Eso me enseñó a querer mi patria y a comprender que la lucha de mi pueblo es justa”, recuerda.
Moreno encarna la perseverancia y la alegría de quien entiende el trabajo como una misión de vida. A sus 76 años, asegura que seguirá aportando convencido de que mantenerse activo es la mejor manera de honrar la experiencia acumulada y transmitir valores a las nuevas generaciones.