Nuevamente, el concepto de Revolución proclamado por Fidel hace 25 años demuestra su valía, porque tan compleja situación nos impone “emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos” y, en ese sentido, la unidad del pueblo es imprescindible para “desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional”.
No podemos olvidar que la política seguida por el gobierno de los Estados Unidos es la expresada el 6 de abril de 1960 por Lester D. Mallory, Vice Secretario de Estado Asistente para los Asuntos
Interamericanos, en su tristemente célebre Memorando: “hay que emplear rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba (… ) una línea de acción que, siendo lo más habilidosa y discreta posible, logre los mayores avances en la privación a Cuba de dinero y suministros, para reducirle sus recursos financieros y los salarios reales, provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno”.
Solo a los cubanos, en Revolución, nos corresponde cambiar todo lo que debe ser cambiado, sin recibir fórmulas dictadas desde círculos de poder que, bajo la bandera de una “democracia” de sanciones, guerras y asfixia económica. Fidel, aquel 1 de mayo del 2000, nos dijo que Revolución también “es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio”.