Santiago de Cuba,

Un héroe cuenta su historia

28 March 2026 Escrito por  Claudia Beatriz Moreira Olivares, estudiante de Periodismo
Ernesto García Reynosa, a sus 85 años, es un ejemplo de dignidad ante las adversidades y de entrega a la Patria

Se acerca el aniversario 65 de la victoria de Playa Girón y el mellense Ernesto García Reynosa recuerda qué pasó y prepara el asiento para narrar la historia desde lo más personal de su vida; como escenario, la Casa de los Combatientes, y nos acompañan los archivos para refrescar la memoria.

No faltan las medallas, una tacita de café y espectadores conectados para escuchar al veterano. García Reynosa aprovecha el silencio y la voz ilustra el momento. El relato comienza y los ojos buscan el pasado, el año 1961. La memoria colectiva se concentra en cada palabra y la jornada se convierte en testimonio histórico.

“Recuerdo que estaba pasando por una escuela de capacitación y en ese momento en la escuela, llegó un aviso, pero de manera urgente, todos no asustamos y salimos a cumplir con la orientación, había que recoger. Ese mismo día teníamos que salir para Matanzas, citados por la nación, desde allí fuimos para Girón” expresó.

“Entonces no teníamos transporte, imagínate aquello, que lío y sin movernos, y me enteré después que fue por orden del comandante que salieron y buscaron tres o cuatro rastras de transporte nacional y en eso fue que nosotros vinimos”.

Ernesto, tras una pausa para organizar las ideas y el hecho, prosigue: “nos quedamos como a dos kilómetros o tres de Playa Girón. Llegamos allí por la madrugada y entonces empezamos ahí a preparar condiciones”

“Cuando llegué y vi el calor de todo eso me di cuenta que eran unos muchachos decididos a todo, jovencitos que se fajaban con los aviones y sin miedo, con ese cañón (antiaéreo ZPU - 4) soviético que nosotros le decimos las cuatro bocas, eso era venga, pa' alante, y pa' alante”.

Hace una pausa, medita en el instante que se toca el mentón y dirige su vista hacia la imagen de Fidel en el cuadro, suspira diciendo “el Comandante”, pero sigue: “vi a un hombre grande, andaba montado en un tanque que venía a donde estábamos. Yo estaba tranquilo, pero cuando me doy la vuelta que veo, era el señor Fidel Castro”.

La conversación se hizo amena mientras el combatiente narraba a detalle, aunque se detenía a veces por su memoria, lo que ocurrió tras la llegada del comandante al campamento base y las estrategias trazadas para contrarrestar al enemigo.

Según él ya tenia una previa confianza con Fidel, lo que le permitió hablar con mayor soltura “compay eso es fácil comandante, sáquenos el batallón ese de aquí y nosotros seguimos”

“Yo le dije eso porque hubo un momento antes en el que había hablado ya con él y me sentí que tenía ese poquito de confianza”

Para Ernesto, el ser joven no significó inmadurez o temor, asumiendo con valentía y coraje, no importándole el hambre, placer o la propia amenaza de la muerte, con un nudo en su garganta, y controlando la respiración para continuar en la anécdota prosigue diciendo lo que sucedió después.

“Recuerdo que aquello era un infierno, pero con candela, imagínate que mataron al jefe y al segundo y entonces nos asignan dos tanques que fue tanta la desgracia que uno lo inutilizaron casi al llegar” expresó con dolor.

Las horas se iban y con ellas el café, la emoción se encendía cada segundo de historia contada: “cuando tú estás en un problema de eso, tú echas pa' alante como sea, porque fíjate que nosotros no teníamos ni agua que tomar, yo me tomé dos tragos de agua de esa, del mar y como yo, imagínate los demás que andaban conmigo”.

De repente el dolor impacta en la conversación cuando dice: “Bueno imagínate ahí, haciendo emboscadas y cosas rápidas. Mi hermano estaba ahí en el frente, pero en otra parte, yo no sabía que pasó en ese momento”, suspira, coge aire y dice “me enteré tiempo después de la victoria que habían matado a mi hermano”.

“El tiempo no lo medí cuando estuve ahí porque me parecieron muchos días, pero si sé que como a las tres de la tarde más o menos ya habíamos cumplido con la tarea que se nos encomendó”.

Las canas y los achaques propios de la edad no impiden que Ernesto García Reynosa, quien contaba con alrededor de 30 años de edad cuando la invasión, recuerde con orgullo el haber participado junto a Fidel en ese abril de 1961.

Muy pronto se cumplirán 65 años del hecho que marcó un antes y un después en la historia de Cuba. Lo acontecido en Playa Girón culminó en la primera gran derrota del imperialismo en América Latina.
El coraje no se mide por estar en momentos difíciles, se mide por lo que hacemos para contrarrestarlo.

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