Santiago de Cuba,

La basura en Santiago de Cuba: un desafío para el ornato y la salud pública

19 June 2026 Escrito por  Yailín Madrigal Silvera

En Santiago de Cuba, la imagen de vertederos desbordados y calles con acumulación de basura se ha convertido en un problema persistente.

Situación que refleja deficiencias logísticas, tensiones entre organizaciones de recursos humanos y planificación estratégica. La falta de una gestión eficiente en cuanto a la recogida de basura, combinada con un sistema de organización fragmentado ha conllevado a que los desechos se acumulen en puntos críticos, afectando tanto la estética urbana como la salud pública.

Salarios que no cubren la expectativas de los trabajadores, la escasez de de personal, déficit de combustible para la recogida de desechos sólidos entre otros elementos agravan cada vez más la calidad del servicio así como el mantenimiento de una operatividad constante que limita la implementación de alternativas sostenibles para revertir el aumento cada dia de micro y macrobasurales en la ciudad.

El impacto en el ornato urbano es innegable. Lugares que deberían invitar al paseo, la recreación y el disfrute de la ciudad se ven deteriorados por montículos de residuos, lo que afecta la imagen de la capital oriental y disminuye en cierto modo la calidad de vida de sus ciudadanos.

Santiago de Cuba, con su patrimonio histórico y cultural, merece calles limpias que reflejen el orgullo de sus habitantes. La problemática va más allá de lo estético: la acumulación de basura constituye un riesgo real para la salud pública.

Para revertir esta situación, es crucial combinar educación ambiental, responsabilidad ciudadana y gestión de los actores locales implicados de manera eficiente. Campañas de sensibilización sobre la importancia de no arrojar basura en la vía pública, junto con un sistema de recolección puntual y la aplicación de sanciones a quienes incumplan, pueden marcar la diferencia.

No obstante y sin dejar de señalar las deficiencias y gestiones que realizan las entidades encargadas de asegurar este sensible servicio debemos puntualizar el papel crucial que desempeña la ciudadanía.

Acciones cotidianas como no arrojar la basura en la vía pública, depositar los desechos en los contenedores adecuados, limpiar los alrededores de las viviendas o negocio, marca una diferencia. La falta de conciencia, responsabilidad e impunidad ante infracciones aparentemente menores perpetúan el deterioro paulatino del entorno de la urbe.

Debemos tener presente que las ciudades son concebidas como un espacio de encuentro, intercambio y progreso, alberga en su seno una compleja red de actividades humanas que, si impulsan el desarrollo económico y social, también generan un impacto inevitable sobre su entorno. En este contexto, la higiene urbana emerge no como un mero capricho estético, sino como una necesidad fundamental para la salud pública, el bienestar colectivo y la sostenibilidad ambiental.

Mantener limpias las calles, parques, sistemas de alcantarillado y espacios comunes constituye un desafío logístico y social que de cierto modo refleja el grado de civilización y responsabilidad de una comunidad.

La responsabilidad de la higiene de nuestra ciudad no solo recae exclusivamente en las entidades encargadas sino también en el papel y acciones que realiza la ciudadanía.

La falta de de conciencia y la impunidad ante infracciones menores perpetúan el deterioro del servicio del sector de comunales y por qué no en la educación ambiental.

La higiene en la ciudad es una tarea compartida que exige la concurrencia de todos. La limpieza no es un lujo, es un derecho y obligación de todos. En el cual, se debe trabajar desde la primera infancia, en eficaces campañas de comunicación que desincentiven prácticas insalubres.

Si bien es cierto, que el sector de comunales transita hoy por déficit de carretilleros, variación de la fuerza laboral, ausencia de medios de protección así como de aquellos recursos básicos para desempeñar estas funciones.

Nada justifica acciones como las que argumenta Arcides González Liem, trabajador del sector quien afirma, ¨ hoy la población está altamente indisciplinada porque nosotros limpiamos y recogemos todos los desechos en determinada calle o avenida y a la media hora ya está la misma basura.

Comunales desde hace algún tiempo dejó de ser un sector presupuestado por lo que su nueva gestión empresarial amerita un mejor desempeño atemperado a los tiempos actuales con las deficiencias y carencias que todos conocemos.

Santiago de Cuba tiene la historia, cultura y energía de su gente para ser un ejemplo de ciudad limpia y saludable. Solo con compromiso colectivo será posible proteger su ornato, cuidar la salud de sus habitantes y que sus calles sigan siendo orgullo para todos.

La higiene en la ciudad es una tarea compartida que exige la concurrencia de acciones eficaces y eficientes. No basta con un sistema de comunales que responda a las necesidades reales de la ciudad ni colocar o aumentar más contenedores y barredores porque en ocasiones observamos que se encuentran estos dos elementos en determinados puntos de la ciudad. Sin embargo, persiste la problemática es quizás un cambio cultural profundo que interanalice el valor público y que entienda que la limpieza no es un lujo, sino un derecho y obligación de todos.

Transformar nuestra urbe en espacios donde la salud, la higiene ambiental florezca y convivan de manera armónica demuestra que una ciudad limpia es el espejo de una sociedad que respeta a sí misma y a su futuro.

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