Santiago de Cuba,

Detrás del uniforme, un corazón

12 May 2026 Escrito por  Anyelina González Labrada (Estudiante de Periodismo)
Foto: Cortesía de la entrevistada

El 12 de mayo, Día Internacional de la Enfermería, suele ser una fecha de homenajes y flores. Pero para la licenciada Suleidis Díaz Silva, jefa de enfermeras del área de salud de Cruce de los Baños, este día tiene un sabor agridulce. No solo por la responsabilidad de liderar a sus compañeras, sino porque en su memoria vive la experiencia que marcó su carrera para siempre.

“Mi momento más duro fue atender a mi propia madre enferma de cáncer”, confiesa Suleidis con la voz entrecortada, pero firme. Lo que pudo haber sido una herida imborrable se transformó, paradójicamente, en su mayor ratificación profesional. “Hice todo por ella desde mi profesión”, agrega. Esa paradoja, el dolor de ver sufrir a un ser amado y la paz de saber que no escatimó ningún conocimiento ni cuidado es, para ella, la esencia de lo que significa ser enfermera.

Suleidis no es una profesional de bata almidonada. Habla con la pasión de quien ha descubierto que los guantes y los medicamentos son importantes, pero que la columna vertebral de un hospital no son las paredes, sino las manos que sostienen al paciente. “Sin enfermera no hay médico”, sentencia. Y lo dice sin restar mérito a sus colegas de la medicina: es una cuestión de hechos. Las enfermeras son el engranaje que mantiene vivo el sistema, el diagnóstico silencioso, la voz que calma la fiebre a las tres de la madrugada.

Por eso, cuando un joven le pregunta si estudiar Enfermería es un buen camino, Suleidis no endulza la respuesta. “Es una profesión de sacrificio”, advierte. Pero inmediatamente añade el ingrediente que marca la diferencia: “Por encima de todo, debe prepararse y estudiar mucho para poder enfrentar al paciente”. No al paciente como un enemigo, sino al ser humano que llega con miedo, con dolor y que merece una profesional que sepa más que su angustia.

En la antesala de su día, la licenciada Díaz Silva lanza un mensaje a la población. No pide aplausos vacíos, sino un reconocimiento profundo: “Que valoren mucho el trabajo de enfermería, porque esta profesión es la columna vertebral de una institución de salud”. Pide que miren a las enfermeras no como ayudantes, sino como pilares. Esas mujeres y hombres que cambian sábanas y a la vez salvan vidas, que contienen lágrimas y a la vez administran la dosis exacta de un tratamiento.

Suleidis es, en esencia, una de ellas. Aquella que pudo haberse derrumbado al ver a su madre en una camilla, pero que encontró en su vocación la manera de transformar el dolor en cuidado. “Es un ejemplo a seguir de consagración”, dice sobre su propia profesión. Y quien la escucha, sabe que no habla de un ideal abstracto: habla de las noches sin dormir, de los días en que el cuerpo pide tregua, y de esa certeza que solo nace cuando pones el saber al servicio del amor.

Hoy, 12 de mayo, quizás Suleidis reciba un ramo de flores o un reconocimiento institucional. Pero su verdadero homenaje está en la memoria de su madre, y en cada paciente que cruza la puerta del área de salud de Cruce de los Baños y encuentra en ella y su equipo la certeza de que no están solos. Porque la enfermería, dice con orgullo, es eso: la columna vertebral. Y sin columna, no hay cuerpo que se sostenga.

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