La relación de Fidel con esta urbe data desde su infancia, cuando fue enviado aquí a realizar sus estudios, y residió en El Tivolí, desde donde por primera vez vio el mar. Luego vino el Moncada, su histórico alegato de Autodefensa La Historia Me Absolverá, los meses en la Sierra Maestra, el triunfo de la Revolución y los años sucesivos a 1959, cuando en reiteradas ocasiones sostuvo intercambios con el pueblo.
La historia recoge importantes momentos vividos por Fidel en este territorio sur oriental: el 30 de diciembre de 1958, en El Cobre, ultimando detalles del ataque y rendición de Santiago, para posteriormente entrar victorioso. La llegada al Ayuntamiento, en el céntrico Parque Céspedes, donde pronunció aquel inolvidable discurso reconociendo que “Santiago ha sido el baluarte más firme de la Revolución” y que “En Santiago de Cuba y en la Sierra Maestra tendrá la Revolución sus dos mejores fortalezas”.
En ese primer año, después del triunfo, el Líder Histórico de la Revolución Cubana nos visitó unas 14 veces, siempre en contacto directo con su pueblo, sosteniendo encuentros con las madres de mártires y chaqueando programas y proyectos de beneficio social.
Aquí usó de la palabra en innumerables ocasiones, con esa oratoria prodigiosa, pausada y a la vez enérgica, tanto en conmemoraciones como en inauguraciones de obras. Así consta su presencia en Baire, en la Ciudad Escolar 26 de Julio, en los actos por los aniversarios cerrados de la gesta del Moncada, en la graduación de los primeros médicos…
Para el colectivo del periódico Sierra Maestra, es de gran orgullo que en su sala de historia esté plasmada para la posteridad la visita de Fidel al centro y la foto durante en intercambio sostenido con Causse, su director en aquel entonces. Esto ha trascendido de generación en generación como compromiso eterno con las maneras de hacer de un hombre amante de la precisión, la exactitud, la puntualidad y la disciplina, cualidades que también deben caracterizar a los trabajadores de la prensa.
En la década del 70 la Cuna de la Revolución, recibió a varios jefes de Estado, quienes venían acompañados por Fidel. Este es un recuerdo imborrable de mi etapa como pionera, momento en que desde el aeropuerto Antonio Maceo, por toda la carretera del Morro, Trocha, hasta llegar al Museo 26 de Julio y luego el trayecto hasta la Granjita de Siboney, el pueblo en extensos cordones humanos, daba la bienvenida a su líder y a los visitantes.
Fue aquí, en el 1993, en ocasión de una visita a Santiago de Cuba, cuando inauguró obras como el Centro de Biofísica Medica, que recibió el título de Honoris Causa de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, República Dominicana.
Al poblado de El Cobre, visitado por él en su infancia, regresó en varias ocasiones y desde allí, en enero de 1998 ejerció el derecho al voto e intercambió con el pueblo.
Fidel compartió en Santiago la inauguración de hospitales, de embalses como la “Carlos Manuel de Céspedes”, círculos infantiles, hoteles, el Teatro Heredia, la Plaza de la Revolución Antonio Maceo, pero también estuvo en momentos difíciles tras el paso de fenómenos meteorológicos y epidemias.
De manos de Fidel Santiago de Cuba recibió la estrella de oro acreditativa del Título Honorífico de Héroe de la República de Cuba y la Orden Antonio Maceo. Aquí mereció reconocimientos nacionales e internacionales como la Orden Angkar, distinción del Estado de Kampuchea; el escudo de la Ciudad y la Medalla Conmemorativa del 50 aniversario del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.
Inolvidable su estancia cuando las elecciones, las sesiones del IV Congreso del Partido en el Teatro Heredia, la tribuna abierta en la Plaza de la Revolución, ocasión en que ni la lluvia intensa de toda la madrugada y la mañana, impidió que el pueblo acudiera a esa cita con la Patria, con Fidel, el hombre con una autoridad ganada y algo que todos admiramos mucho: su condición de principal crítico y opositor de lo mal hecho.
Y para sellar ese nexo entre Fidel y Santiago de Cuba, luego de su desaparición física, con un dolor indescriptible, recibimos sus cenizas para ser depositadas en el Cementerio Patrimonial Santa Ifigenia, y honrarlo y custodiarlo porque él fue y será historia viva e inspiración constante.
Para eternizar ese momento, me apropio de las palabras de la escritora santiaguera Mirna Figueredo: “Y aquí estás, de nuevo en el camino, vuelto polvo de estrellas, fetiche para no olvidar que un día estuviste con nosotros y nos contagiaste un sueño muy parecido a la verdad, tu especial modo de re-crear la vida, de ser un don”.
Por eso, este 13 de agosto, en ocasión de su centenario, no lo recordamos con tristeza, es un deber de los agradecidos rendirle homenaje y ratificar la continuidad de una obra, fieles a su pensamiento y sentimiento humanista, porque en Santiago de Cuba –ciudad ejemplo de heroísmo, patriotismo y espíritu revolucionario- siempre nos esperará la victoria.