Lo que comenzó como una iniciativa del joven santiaguero Ezequiel Riquenes hoy se constituye en una familia de amigos. “Hace algunos meses creé un grupo en WathsApp para que los que tenemos bicicletas de fabricación china nos auxiliáramos para gestionar partes y piezas. Fue creciendo a tal punto que tenemos miembros de los municipios de Palma Soriano y Mella y hasta de la provincia de Guantánamo”, confesó a Sierra Maestra.
Yo transitaba por la Plaza cuando les vi recorriendo la Plaza, la Avenida Las Américas y los alrededores del Teatro Heredia, pensé que era algún “evento oficial”, pero al dialogar con ellos entendí que “las redes sociales no solo se prestan para dialogar, o desacreditar; también sirven para crear vínculos estrechos como este que propicia cumpleaños colectivos, visitas a la playa de Siboney o el recorrido que hacemos a varios sitios de la provincia, por supuesto dando pedales”, expuso Jorge Luis Berenguer, coordinador del grupo.
Y esa libertad con la que estos jóvenes andan, esa alegría que emanan y los problemas que comparten signan la cotidianidad cubana. Hablaban de lo “difícil que está todo, de los altos precios”, pero encomiaron la solidaridad que les permite reparar sus bicicletas y, con alegría, vivir la vida sobre ruedas.