Usted no es cualquiera, como muchos se empeñan en repetir. Pa’ es el primer monosílabo o el segundo que se pronuncia... Su nombre es el de siempre, cada vez que se precise ayuda, protección, amor.
No importan los años que acumulemos si seguimos siendo bebés, si para usted soy el tesoro más grande, el regalo más preciado, su razón de vivir.
Sus ojos son faro que guía, aunque sigan atravesados porque ningún prometido conviene, nadie nos merece. Sus consejos son órdenes, y sé lo mucho que le duele una desobediencia; porque después del regaño, del castigo o el disgusto, solo su almohada sabe de lágrimas y arrepentimientos.
Sé que ha estado cobijándome del frío, en días de fiebres a mi lado, colgándome de su hombro en desfiles y agotadoras jornadas de paseos; otras noches he sentido su ausencia, el trabajo apenas da tiempo para compartir, pero cuando llega tarde, cansado, silencioso, no deja de mirarme dormir; y yo entre sueños le percibo, siento el abrazo que no pudo ser, el beso en la frente, la bendición de su mirada.
Estas líneas no pueden resumir su nombre ni encierran su grandeza, pero sí realzan su figura, que es imprescindible. A usted, Padre mío, que me acompaña desde la eternidad y al que recuerdo cada día de mi vida. A esos padres que admiro porque derrochan amor y hacen suyo el triunfo de los hijos; al padre sustituto que llena espacios vacíos; al que quedó sin relevo en esta carrera de resistencia que es la vida y tuvo que asumir los roles sin importar los riesgos.
A usted papá, y ahora 'belo', que sigue siendo el pulmón y el corazón de casa. A todos esos hombres que añoran serlo; a los padres cubanos y santiagueros que se empeñan en educar y amar; Feliz jornada de domingo, que este tercero de junio y todos los días por venir, sigan siendo el refugio, el héroe favorito, el mejor compañero.