El punto de apoyo del equipo fue Horta. Subcampeón mundial en Taskent 2023, llegó a la final contra el dominicano Medina y la resolvió con una autoridad que no dejó lugar a dudas: el árbitro detuvo el combate en el primer asalto y los jueces le dieron la victoria 5-0. Pero su torneo no empezó ahí. En cuartos de final había barrido 4-0 al local Montalvo, un resultado que además le selló el boleto a Lima. Con Horta, Cuba encontró algo más que una medalla: encontró un referente.
A partir de ese impulso, el cuadro masculino cumplió con una eficiencia casi quirúrgica. Sorzano (70 kg) y Williams (90 kg) terminaron con plata y, más importante aún, clasificaron sin ceder un solo asalto en el camino. A ellos se sumaron Vicente (65 kg) y Claro (55 kg), quienes no llegaron a la final, pero aseguraron su plaza en semifinales y en los combates por el bronce. En total, cuatro de los cinco boletos cubanos son masculinos y todos corresponden a divisiones olímpicas, lo que garantiza rentabilidad deportiva para Lima.
El problema aparece cuando la mirada se desplaza al equipo femenino. La única luz fue Dayra Meza (70 kg), quien aseguró su plaza con una ronda de anticipación y se convirtió en el único rostro visible de la escuadra. El resto no superó sus obstáculos: Rodríguez (75 kg) cayó 0-5 ante la canadiense Thibeault, campeona mundial; De las Nieves (51 kg) fue superada con amplitud por una argentina; y Masó (57 kg) quedó eliminada en primera ronda ante una mexicana. Con todos los pesos femeninos ya desplegados en el sistema panamericano, que Cuba clasifique solo a una boxeadora no es un detalle: es una señal de alerta sobre la competitividad del bloque.
Ahora bien, el Continental de Puebla no reparte gloria pura: reparte cupos. Y bajo esa lógica, Cuba actuó con pragmatismo. Una vez asegurados los boletos, sus pesos medios masculinos no forzaron la máquina en las finales: Sorzano y Williams perdieron sus combates por el título sin un desgaste innecesario. La decisión tiene sentido inmediato, porque el objetivo era Lima y no Puebla. El problema es lo que viene después.
Cuba vuelve de Puebla con la clasificación cumplida y con una advertencia escrita en el cuadro femenino. El oro de Horta y las plazas masculinas sostienen el presente. Pero si la sequía femenina no se corrige antes de 2027, el peso de las medallas cubanas en Lima recaerá casi por completo sobre los hombres. La pregunta, entonces, no es si Cuba clasificó —lo hizo—, sino con qué base llega y cuánto margen real tiene para sostenerlo.