Santiago de Cuba,

Armas para el 30 de Noviembre

30 November 2025 Escrito por 

“El mismo día que conocí a Frank, le ofrecí la finca para hacer prácticas de tiro. Me contestó que había ido a verme por eso, porque tenía conocimiento de que estaba cercana a Santiago. Nos fuimos para allá y allí hicimos algunos disparos. Yo tenía un rifle Remington 22 automáticos y una pistola colt del mismo calibre, de tiro al blanco profesional. Frank se puso muy contento, le gustó el lugar.

“Le ofrecí los dos carros que yo tenía, el panel del jardín y un auto particular marca Pontiack para movernos en lo que fuera necesario. Me dijo: “Vamos que te voy a llevar a casa de un compañero, que resultó ser Pepito Tey y lo primero que le dijo fue:

“Estamos hechos, tenemos un lugar donde practicar y algunas armas, y disponemos de un local.

“ Al día siguiente fuimos para la casa Pepito, Frank y yo; tiramos unos pocos tiros. A Pepito también le gustó mucho el lugar. Quien nos dio instrucción militar a nosotros fue Pepito, a parte de las clases de tiro, nos enseñaba a caminar acostados, a arrastrarnos, a caminar con las rodillas, apoyados en los codos, con el rifle atravesado en los dos brazos y sin levantar la cabeza.

Pepito llevó el primer grupo en el carro mío, el carro de las flores, que tenía bastante capacidad. Ese no despertaba sospechas, estaba identificado creo que hasta con la guardia de Batista, porque siempre estaba metido en el cuartel Moncada llevando flores, cobrando las cuentas. Entonces empezaron las prácticas.

“Hubo una etapa en que Frank nos mandó a buscar por Altamira una cantidad de parque que tenían los Auténticos, que había sido entregado al Movimiento a través de David Figueredo, en la casa de un señor llamado Mario Santamaría. Fuimos Pepito y yo. Cuando llegamos salió un señor, Pepito se desmontó del carro, sacó del bolsillo la mitad de una paleta de madera y se la entregó. Él sacó la otra mitad de la paleta y cuando la unió, coincidían, era la seña.

“De allí empezamos a sacar sacos y sacos y sacos de parque 30.45 y 50. No era 30.06 el parque que utilizaban los mosquetones. Fue una cantidad enorme.

Llegó el momento en que yo creí que se le iban a romper los muelles al carro o se iban a explotar las gomas, porque bajó bastante. Ese parque teníamos que llevarlo a casa de un compañero de apellido Morlá, que vivió un tiempo en San Francisco y Calvario, pero para esa época se había mudado para Ampliación de Fomento. Llegamos y era un lugar donde resultaba imposible desmontar todo aquello por la característica de la casa y por el barrio, donde vivían muchos militares. Él ofreció su casa pensando que era poco, pues había preparado un cielo raso para esconderlo, pero eso ocupaba una loma.

“Le dije a Pepito que era imposible guardar eso allí y estuvo de acuerdo. Me dijo que fuéramos a la casa de Marzoa, que tenía una tienda en San Basilio y Calvario. Fuimos, pero allí no había espacio y además tenía trabajadores y no sabía hasta dónde podía confiar.

“Entonces fuimos para el garaje Martí, de los hermanos Alonso, que eran amigos míos y gente de mucha confianza. Le explico a Manolo, el dueño principal, le enseño la carga y me dice que era imposible guardar eso allí. Entonces la única solución era llevarla para la finca. No tuvimos tiempo de consultarlo con Frank.

“Cuando bajamos, se lo comunicamos, estuvo de acuerdo y dijo que era el mejor lugar, que allí corría menos riesgo que en Santiago.

“Después se improvisó allí un taller, llevamos dos tanques de 55 galones abiertos y petróleo. Uno lo llenamos de balas, muy acomodaditas para que cupieran bastante, después se le ponía el petróleo, hasta el otro día. Con estopa metálica le íbamos quitando el sarro a las balas que estaban en muy mal estado, muy sucias y quedaban nuevecitas. Luego montamos en un motor eléctrico un cepillo metálico, con mucho cuidado para que no se calentara la pólvora, pues no sabíamos si podían o no explotar con la fricción.

“Posteriormente, mi mamá hizo unos bolsos de kaki, donde se echaban cien balas, con una trabilla para que cada combatiente se la pusiera en el cinturón. En ese trajín siempre estuvo Pepito con nosotros. Después de eso, Frank nos dio la orden de ir a buscar unas armas, también entregadas por los Auténticos, a Dos Palmas.

“Eran fusiles y ametralladoras también envueltos en sacos ya podridos. Allá entramos Pepito y yo solos, porque Léster, que iba con César Perdomo en un chevrolet negro, del año 48, se quedó afuera. (El carro era de Léster).

“Cuando salimos otra vez a la carretera Pepito se cruzó para la máquina con Léster y César y se sentó atrás; yo me quedé solo en el carro, y me dijo: Voy a llevar este pañuelo en la mano, si tú ves que lo suelto, piérdete que es que están registrando; pero no hubo ningún tipo de problema.

“Esas eran las armas para el 30 de noviembre. No sabíamos nada que eran para el 30. Hasta que llegó el telegrama no se sabía lo que iba a ser.

“Después que llevábamos como un año y un mes haciendo prácticas allá en la finca yo le dije a Frank un día que si a él no le parecía que ya habíamos usado mucho el lugar, que si no habíamos abusado de la suerte, porque estábamos pegados a la Carretera Central, aunque tirábamos desde atrás, un poco retirado, yo creo que los tiros no se oían en la carretera, pero ya llevábamos tiempo haciendo las prácticas allí.

“Entonces Frank me preguntó que si yo tenía otro lugar. Ahí fue cuando le hablé de la finca El Cañón, de Juan José Otero, más grande, más estratégica, una maravilla para ese tipo de operación. “Luego fuimos Frank, Pepito, Tony Alomá y yo. Tuvimos la suerte de que él estuviera en la casa, porque él tenía un camión y a veces salía a comprar plátanos, ñame, naranjas, se perdía de ahí. Ese día lo cogimos. Yo había conocido a Otero cuando fue compañero mío en las luchas de la ortodoxia en el año 46, entonces la casa era de guano, ahora no; a mí me extrañó aquello, nos entró la duda se había cambiado, pero llegamos y usamos una broma con él

“Le presento a Frank, a Pepito y a Tony como gente de Masferrer y que éramos tigres de Masferrer y que había plata y puestos de trabajo para la gente que quisiera ayudar allí. Y Otero se ofendió, nos insultó, nos dijo que nos fuéramos de allí que él era un ortodoxo de la gente de vergüenza contra dinero, de la gente de Chibas y que él no quería arreglo con ninguna gente que fuera de Batista y menos de Masferrer.

“Cuando lo vimos en ese estado, Frank y yo nos miramos y ya yo le dije a Otero la verdad: No, chico, eso es una broma, no te pongas así, mira este compañero es Frank País, y le presenté a Tony Alomá y a Pepito Tey. Entonces nos abrazamos.

“Ya el nombre de Frank País sonaba. Ya vino el ambiente distinto, de camaradería. Entonces Frank se separó un poquito, miró el lugar… estuvo de acuerdo.

De todos es conocido que se usó después como almacén, que allí se fundó la Columna 9 José Tey, precisamente allí, que de ahí salimos para el ataque al cuartel de Boniato el 9 de abril.

“Esa finca se usó posteriormente para almacén de provisiones para el Primer Frente, para el Segundo Frente y hasta una parte para el Tercer Frente. Después de aquella visita al Cañón, lo primero que hicimos fue llevar las armas que teníamos en la finca mía, El Palmar, para El Cañón. Y comenzar a preparar allí los grupos.

“ Sobre Pepito puedo decir algo que fue el día 29. Frank estuvo ese día muchas veces en mi casa y allí iban los compañeros que dirigirían los grupos. Esa noche ya después que Pepito había estado allá en dos o tres ocasiones, volvió y me dice ya cuando se va: Bueno Luis Felipe, mañana es el día. Nos dimos un abrazo. Veremos a ver cuándo nos volvemos a ver. Y ya ustedes saben que nunca volvimos a vernos.

Todavía yo no sabía lo que iba a hacerse, sabía que nos íbamos a lanzar, pero no sabía cuáles eran los objetivos.

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Orlando Guevara Núñez

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