A sus 39 años, Martí no concibió una estructura tradicional, de esas que, según él mismo advirtió, podía promover “un astuto aventurero” o encender pasiones volátiles entre las masas. El Apóstol, fino observador de las miserias políticas del capitalismo emergente y de los fracasos independentistas en América del Sur, diseñó un Partido a prueba de ambiciones mezquinas. Sus estatutos eran secretos, su Delegado —máxima autoridad— electo por las bases, y su tejido se sostenía en clubes y asociaciones independientes, tanto en la Isla como en el exilio. No era un Partido de jefes, sino de pueblos aleccionados.
El periódico Patria, fundado también bajo su pluma, se convirtió en la voz movilizadora de la unidad patriótica. Con esa arquitectura política, Martí quería evitar que la Revolución cayera en los mismos errores que fracturaron las guerras del 68 y del 95, y que la futura República —aún en el horizonte— no repitiera las tristes realidades del caudillismo suramericano. Su concepto era claro: un “pueblo nuevo y de sincera democracia” exigía métodos nuevos.
Sin embargo, la historia fue trágicamente paradójica. La temprana muerte del Maestro en Dos Ríos -en1895- y, más tarde, la intervención militar estadounidense truncaron aquel sueño. En 1898, Tomás Estrada Palma —a quien Martí había señalado con reservas y que luego se convertiría en el primer Presidente de la República mediatizada— disolvió el Partido Revolucionario Cubano. Era una premisa del nuevo coloniaje disfrazado de República.
Juan Gualberto Gómez, brazo derecho de Martí en la Isla, denunció entonces que el PRC era el único capaz de asegurar la libertad y la verdadera democracia en el porvenir de Cuba. Y las delegaciones de base en el exilio, como la de los patriotas en Santo Domingo, alzaron su voz: “El Partido Revolucionario Cubano no ha concluido su obra: él se fundó para obtener la independencia absoluta de Cuba”. Aquel 10 de abril fue, en esencia, la primera lección de organización popular que décadas después, y con otro horizonte, encontraría su continuidad en la lucha del pueblo cubano hasta nuestros días.