En esta entrevista, desgrana las claves de su rápido ascenso, el equilibrio entre la clínica y la investigación, y su visión sobre el papel de los jóvenes en la ciencia.
Con 27 años, la mayoría de los profesionales están culminando su especialidad, pero ya es Doctora en Ciencias, Profesora Investigadora y parte de la Academia de Ciencias. ¿Qué movió a esa "Margarita estudiante" para ir tan rápido y qué sacrificios personales han sido el motor de este avance a pasos agigantados?
"El impulso inicial vino de mi familia, especialmente de mi mamá, que fue vanguardia integral en investigación en Derecho. Ella me motivó desde que empecé la carrera. Fui directora de la revista científica estudiantil Unimed, me gradué con el primer mérito científico y decidí continuar esa línea. Inicié el doctorado a los dos meses de comenzar la residencia en Medicina Interna, con el apoyo de mis tutoras, la Dra. María Elena García Céspedes y la Dra. María Eugenia Céspedes García.
"Fue un esfuerzo titánico: estudiar, las guardias cada cuatro días, atender pacientes, recoger datos para la tesis… un trabajo tedioso que me consumió mucho tiempo. Pasé días muy estresados, pero el apoyo de mi familia –mi mamá, mi papá, mi abuela–, mis amigos y mis profesores fue fundamental. Ellos me centraban cuando todo se veía confuso. Siempre quise que mis padres se sintieran orgullosos, y además, es algo que me apasiona. La ciencia es una de las cosas que más me gustan".
Se desempeña en el Hospital Saturnino Lora, un centro de alta demanda asistencial. ¿Cómo logra que el rigor de la práctica clínica diaria en Medicina Interna no absorba el tiempo que requiere la investigación científica profunda, y de qué manera sus investigaciones están impactando directamente en los pacientes?
"La carga asistencial es inherente a nuestra profesión; estudié Medicina para eso, para salvar vidas y aprender cada día. La clave es el equilibrio y la organización. Planifico mis tareas para sacar tiempo para todo: la clínica, la investigación, mi esparcimiento.
"Mi línea de investigación es la Cardiología Preventiva, específicamente la rigidez arterial en adultos aparentemente sanos. Es medicina preventiva desde la atención primaria para reducir el riesgo de complicaciones cardiovasculares, primera causa de muerte. De hecho, en el hospital se está desarrollando una consulta de prevención cardiológica integral multidisciplinaria, donde me voy a incluir. El objetivo es trasladar los hallazgos de la investigación directamente a la población, para obtener resultados reales y aplicables".
Ser la Doctora en Ciencias más joven del programa y ahora integrar el Consejo Científico de Jóvenes de la Academia de Ciencias de Cuba es un honor, pero también una responsabilidad. ¿Siente alguna presión especial por demostrar que la juventud no está reñida con la autoridad científica en un ámbito donde suele predominar la experiencia de años?
"Para nada siento presión. Es más bien una cuestión de continuar trabajando, esforzándome y aprender. Formar parte de esta institución insignia del país es un orgullo inmenso. Lo que uno hace es aprender de ciencia, seguir construyendo un camino con pasos pequeños pero firmes. Creo que hay que ser consecuente con lo que se hace y se dice, e inspirar a otros. Las cosas hay que hacerlas joven, cuando uno tiene más espíritu y fuerza de voluntad. Por eso quise y logré ser Doctora en Ciencias tan pronto".
Detrás de los títulos de Especialista, Investigadora y Profesora, hay una mujer de 27 años. ¿Cómo logra equilibrar las guardias médicas, las tesis y las publicaciones con tu vida personal, tus afectos y el tiempo de descanso? ¿Cuál es la fórmula para no "quemarse" en el proceso?
"La fórmula es organización y tener metas claras. Soy una persona que planifica con su familia: establezco metas a corto, mediano y largo plazo. Eso me ha dado resultado. He sacrificado horas de sueño, pero no he dejado de mantener mis amistades, salir, recrearme y disfrutar. Para mí es crucial ese equilibrio.
Y sin el apoyo familiar, uno no llega a nada. Mis padres han sido lo más importante. Es seguir la filosofía de "pasos pequeños pero firmes".Ya siendo residente obtuve la categoría docente, fui la primera residente en mi hospital en lograrlo, y completé el doctorado siendo la más joven en hacerlo en mi especialidad a nivel nacional. Mi tutora, la Dra. María Eugenia, siempre me apoyó y me decía: "Eres una Mariana de estos tiempos".
Desde su posición en la Universidad de Ciencias Médicas y el Hospital Saturnino Lora, ¿hacia dónde apunta la brújula profesional ahora? ¿Qué problemas de salud de la población santiaguera o cubana son los que más urge seguir investigando bajo la lente científica?
"La brújula sigue apuntando a profundizar y expandir mi investigación sobre rigidez arterial y prevención cardiovascular. Es un granito de arena, pero quiero continuarlo. De hecho, ya tengo tres profesionales que van a continuar mi investigación en diferentes aristas, ampliándola. Las recomendaciones de mi tesis plantean estudios multicéntricos a mayor escala para una verdadera aplicación en la población. La consulta de prevención cardiológica que se abrirá en el hospital es un paso enorme. Cuando se trabaja en equipo, se logran los resultados. Espero que podamos verlos pronto en nuestra población santiaguera".
Muchos jóvenes médicos ven la investigación como un camino árido o lejano. Desde su experiencia de éxito, ¿qué le diría a esos estudiantes y residentes que hoy le miran como un referente sobre la importancia de hacer ciencia desde la juventud en Cuba?
"¡Que nunca dejen de soñar y de superarse! Y si van a soñar, que exageren. Que no se cansen de perseguir esos sueños. El mundo de la ciencia es lo más apasionante de la medicina; todos los días se descubre algo nuevo, podemos hacer algo nuevo.
"La investigación es algo que debe empezar desde la universidad. Yo comencé en primer año de carrera, integrándome a un grupo estudiantil. Aprendí metodología poco a poco, hasta que en cuarto año encontré mi pasión: la Cardiología. Participé en un diplomado predoctoral que me formó mucho. La clave es motivación y acompañamiento. Hay que acercarse a las personas correctas, crear espacios para que los jóvenes con deseos tengan a quien acudir, que les guíen, preparen y abran puertas. A veces solo necesitamos ese "empujoncito" para brillar.
"No he hecho nada extraordinario. Simplemente soy una persona aplicada que se ha esforzado mucho, pero que ha sabido organizarse y mantener el equilibrio. Si en el pregrado me apasionaba investigar, ¿cómo no iba a hacerlo en el posgrado, con más recursos y conocimiento? Hay que ser consecuente con lo que uno es y con la pasión que lo mueve".