Santiago de Cuba,

La educación moral y ciudadana desde la enseñanza media

20 March 2026 Escrito por  Luis Ernesto Busto, estudiante de Periodismo

En el entramado social cubano, la secundaria básica ocupa un lugar privilegiado como espacio de formación adolescente, donde los estudiantes conforman su sistema de valores en una etapa de particular vulnerabilidad y definición personal.

El papel de estas instituciones en la formación ética de las nuevas generaciones es, quizás, uno de los legados más significativos del sistema educacional cubano, aunque no está exento de desafíos contemporáneos.

La educación en valores en Cuba posee raíces profundas que se remontan al pensamiento de pedagogos como Félix Varela y José de la Luz y Caballero, quienes advirtieron, en su momento, la importancia de crear en los pupilos, un conjunto de valores, que complementen los recibidos en casa, para que puedan integrarse a la sociedad de la mejor manera.

Sin embargo, la teoría pedagógica encuentra en la práctica cotidiana enormes obstáculos, como lo son la carencia del sentido de pertenencia, la incapacidad de asumir tareas de forma independiente y las incorrectas formas de expresarse, que convierten a la mayoría de nuestros muchachos en vulgares, irresponsables e irrespetuosos.

Estas manifestaciones no son superficiales ni responden exclusivamente a la conducta adolescente,
sino a la poca preparación del profesorado para abordar de forma sistemática la educación en valores, al insuficiente trabajo de las instituciones para erradicar conductas nocivas en los más jóvenes o al escaso seguimiento de la familia a la educación moral de sus pequeños.

El sistema educativo para la enseñanza media enfrenta la necesidad de perfeccionar sus estrategias
didácticas para la formación de valores sin renunciar a los principios que lo sustentan. La escuela no debe conformarse con ser un simple transmisor de conocimientos; está llamada a convertirse en espacio de interacciones humanas significativas donde los valores se vivan y experimenten, no solo se enuncien.

La solución no la encontraremos en hacer oídos sordos a las necesidades educativas de este grupo hetareo, por el contrario, la respuesta está en dotar a nuestros docentes de herramientas metodológicas que les permitan enfrentar esta compleja tarea.

Porque en un mundo globalizado donde reina la mediocridad y las malas costumbres, la educación que se imparta en Cuba, ha de tener la responsabilidad de formar estudiantes integrales, y que en su conocimiento se conjuguen de forma armónica los rasgos específicos de la moral socialista con las competencias necesarias para insertarse en el mundo contemporáneo.

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