Santiago de Cuba,

Por la dignidad de los que forjaron el futuro

01 April 2026 Escrito por  Anyelina González Labrada (Estudiante de Periodismo)

Hay principios que no admiten matices: un pueblo que no cuida sus ancianos no tiene futuro. No solo porque ellos son la memoria viva de lo que hemos sido, sino porque la forma en que tratamos a quienes nos precedieron define con crudeza el alma de una sociedad.

En el municipio Tercer Frente, esa máxima se traduce en acciones concretas, en un entramado institucional que busca honrar la deuda que toda generación tiene con quienes entregaron su vida por la tierra que hoy habitamos.

Allí, funcionan dos casas de abuelos y el hogar de ancianos Dr. Mario Muñoz Monroy, ubicado en el territorio de Bisè. Estas instalaciones no son meros recintos asistenciales; son espacios donde la vejez encuentra respeto, compañía y la certeza de que el olvido no está escrito como destino. Los adultos mayores que allí residen o acuden a diario reciben no solo las condiciones de vida requeridas alimento, techo, higiene, sino también lo que nutre el espíritu: actividades culturales con promotores de cultura que llevan música y tradición hasta sus patios, y opciones deportivas adaptadas que devuelven a sus días la noción del cuerpo vivo y la alegría compartida.

Pero la atención integral va más allá del esparcimiento. La presencia sistemática de consultas médicas, estomatología, oftalmología y psicología convierte a estos centros en bastiones de una salud pública que no abandona a nadie por el solo hecho de haber acumulado años. Esa cobertura multidisciplinaria es la expresión más tangible de un sistema que entiende el envejecimiento como una etapa que exige acompañamiento, no abandono.

Un aspecto especialmente sensible, y que merece ser destacado, es la posibilidad de que familiares que no están en condiciones de cuidar al adulto mayor por situaciones complejas como el alcoholismo o discapacidades que les impiden brindar el soporte necesario puedan solicitar su traslado a este hogar de ancianos. Lejos de ser una medida traumática, constituye una oportunidad para corregir entornos adversos y devolver al anciano la dignidad que pudo haber perdido en un contexto familiar disfuncional. El objetivo no es aislar, sino proteger; no es separar, sino garantizar que nadie pase sus últimos años en la desatención o el riesgo.

Cuando una comunidad organiza su sistema de cuidados con esta lógica, está levantando un espejo donde mirarse. El Tercer Frente, territorio marcado por la historia de la lucha revolucionaria, demuestra que la lealtad a los suyos se mide también en estas acciones cotidianas, silenciosas pero profundas. Porque cuidar a los ancianos no es caridad: es justicia. Y un pueblo que hace justicia a sus mayores no solo tiene pasado: se está construyendo un futuro sólido, con raíces firmes y conciencia clara de que nadie sobra cuando todos han sido necesarios.

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