A poco tiempo de asumir como jefa del servicio de radioterapia, la especialista en primer grado explica que la resiliencia es imprescindible para mantener la atención.
“Nuestro servicio es regional”, aclara la doctora Alonso Wilson, subrayando la vocación de su colectivo. “Atendemos principalmente a pacientes de Granma y Guantánamo, pero también hemos recibido a enfermos de La Habana y Holguín cuando han tenido dificultades con sus equipamientos”. Para garantizar la continuidad del tratamiento, cuentan con una sala de hospitalización destinada a aquellos pacientes que residen en otros municipios y provincias.
El principal reto técnico, detalla la especialista, es el propio equipo. “El 'cobalto' ya tiene su tiempo limitado. Tenemos desafíos constantes, sobre todo con la situación energética nacional. El tratamiento se emplea de lunes a viernes, descansando sábado y domingo. Cualquier afectación eléctrica nos acarrea un caos cuando los pacientes vengan a recibir sus sesiones, pues se atrasan”.
A esta dificultad se suma la crisis de combustible, que impacta directamente en la movilidad de los enfermos. Ante esta realidad, la dirección del hospital implementó una estrategia clave para los pacientes de la provincia de Guantánamo, la más oriental del país.
“Se determinó hospitalizarlos”, señala la doctora. “En estos momentos tenemos 16 ingresados. Ellos vienen en la guagua el lunes, reciben el tratamiento y retornan a sus hogares el viernes”.
El servicio reabrió sus puertas en octubre de 2025 tras un año de reparaciones. Desde entonces, las únicas interrupciones han sido las derivadas del déficit energético nacional y afectaciones puntuales. Pese a ello, la doctora Alonso Wilson enfatiza la importancia del tratamiento: “La radioterapia destruye las células tumorales. En ocasiones logramos la desaparición del tumor, y en algunos casos se puede realizar un tratamiento concurrente con quimioterapia en cabeza y cuello, ginecología, pulmón y mama, cuando el medicamento lo permite”.
Humanidad frente a las complicaciones
Una de las preocupaciones más comunes entre los pacientes es el temor a las radiaciones. “Se les explica que pueden aparecer complicaciones inmediatas y tardías”, aclara la jefa de servicio. “Entre las inmediatas están las radiodermitis, que son las quemaduras en la piel. Para eso, cada médico tiene una consulta de seguimiento semanal. Evaluamos la piel, la mucosa en pacientes de cabeza y cuello y hasta ahora no hemos tenido quemaduras de tercer grado porque actuamos a tiempo”.
El buen trato no es un eslogan, sino una política que se respira en los pasillos. Así lo confirman los propios pacientes, quienes contrastan sus expectativas iniciales con la realidad del centro.
Emilio Castán Viñó, oriundo de Guantánamo, llegó al oncológico tras ser diagnosticado con cáncer de próstata. “Pensé encontrarme una cosa y me topé con un trato muy humano, muy profesional.
Los trabajadores en su conjunto, médicos, enfermeras, técnicos... muestran un dominio de su trabajo y mucho cariño. Tratan a los pacientes con tanta humanidad que ayuda a subir la autoestima”, afirma con gratitud. Castán Viñó destaca además la energía positiva del personal que los transporta desde Guantánamo, creando un ambiente de “gran familia” donde la comunicación entre paciente y equipo médico es fluida y profesional.
Noemi Tavera Vargas, también de Guantánamo, se somete a 15 sesiones de radioterapia tras ser operada de un carcinoma de mama. Ingresada en el hospital, su testimonio refleja el impacto del acompañamiento integral. “Me he sentido como si estuviera en mi casa”, asegura. “Los médicos, las enfermeras y los radiólogos permiten que uno se sienta muy bien. Las radiaciones son un tratamiento muy efectivo. Llegué con molestias y ahora veo un avance muy bueno”.
Tavera Vargas subraya que la atención va más allá del tratamiento técnico. “Por los pasillos pasan la psicóloga, la oficiante, el nutriólogo. Te dan charlas de cómo alimentarte, cómo liberar el estrés. Ha sido un apoyo imprescindible”, expresa. Incluso cuando le tocaba recibir quimioterapia en medio de su ingreso, el hospital asumió ese tratamiento sin contratiempos.
El servicio de radioterapia del Hospital Oncológico Conrado Benítez no solo trata tumores, sino que gestiona esperanzas en medio de las carencias. Yaunque la situación energética perjudica el curso ideal del tratamiento, la disposición del personal y la respuesta agradecida de los pacientes son, por ahora, la energía que no falla.