Santiago de Cuba,

Cuando los bolsillos sufren

16 February 2023 Escrito por  Luis Alberto Portuondo Ortega
Trabajadores

No es mi intención comentarles sobre Alí Babá ni los cuarenta ladrones; mucho menos de la cueva cuya puerta se abría tras el “ábrete sésamo” del jefe de la pandilla de malhechores y tampoco de Las Mil y una noches.

No pocos aseguran que de la semilla del ajonjolí -o sésamo- se extrajo el primer aceite comestible que usó la Humanidad y que del olivo, los griegos y los romanos extraían aceite para fines alimenticios, religiosos y hasta para alumbrarse.
Pero no es de la historia del codiciado producto que quiero comentarles, sino de la escasez y los altísimos precios en que se comercializa el aceite en Santiago de Cuba en el mercado informal: hasta 1 500 pesos.
Roturas en la fábrica, tardanzas en los suministros y otras causas de su inexistencia en la canasta básica han sido informadas por Sierra Maestra.
La realidad nos dice que existen actualmente varias opciones para que la población reciba el aceite: a través del convenio entre Comercio y las cadenas de tiendas (CIMEX y Caribe) se distribuyen los volúmenes que se reciben para la venta controlada por núcleos, y es un alivio, aunque esta distribución no siempre es regular para todas las zonas
Otra es la venta a algunos trabajadores de organismos priorizados y por la vía on line, desde el territorio nacional o el extranjero. Estas últimas tienen limitada la cantidad y generalmente el aceite no es de la marca que pulala por las calles de Santiago de Cuba.
Entonces cabe preguntarse: ¿si la adquisición es regulada, de dónde sale el aceite envasado o a granel, que se vende en el mercado negro? ¿Existe alguna fábrica o refinadora de aceite en manos privadas? No tengo la respuesta afirmativa puesto que solo hay emplazamientos de este tipo, estatales en la capital, Camagüey y Santiago de Cuba.
De manera que, por lógica, el aceite que se revende en los barrios de toda la provincia es sustraído de sitios no privados. A mi juicio los mecanismos de auditoría y control no funcionan; los inspectores, los responsables del control interno de las entidades que poseen el producto, quienes lo almacenan, transportan y comercializan, deben ser más rigurosos; al tiempo que corresponde también a los factores de la comunidad y a la Policía estrechar filas y ser más activos contra quienes a luz pública y desde las redes sociales promocionan productos deficitarios a precios inflados.
Algo más de 47 pesos es el coste de un litro de aceite en el mercado formal que, paradójicamente, está en desventaja con el especulativo que lo aumenta a diestra y siniestra. A esos que acaparan y venden a precios abusivos, hay que darles con el mazo de la ley.
Es inadmisible seguir conviviendo con esta ilegalidad a la vista de todos. No estamos para el cuento de Alí Babá y los cuarenta ladrones, cuando el bolsillo de la población sufre ante la imperiosa compra de este imprescindible producto. Es ingenuo pensar que ese aceite proviene de los mecanismos de ventas ya enuncianos. Detrás de cada bolsa o botella existe una cadena de ilegalidad, ocasionado por fisuras en los diferentes eslabones.

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