En este sentido, el “más universal de todos los cubanos”, tenía una claridad meridiana: “No es el oficio de la prensa periódica informar ligera y frívolamente sobre los hechos que acaecen, o censurarlos con mayor suma de afecto o de adhesión”, afirmó en 1875.
Resumiendo así que ser periodista exige de la investigación, la búsqueda de datos, de fuentes, de contrastar testimonios y bibliografías; de observar la realidad no solo con conocimiento o preparación, sino también con agudeza, profundidad y sensibilidad para percibir lo que otros no. Y continúa en otra reflexión:
“Toca a la prensa encaminar, explicar, enseñar, guiar, dirigir, tócale examinar los conflictos, no irritarlos con un juicio apasionado, no encarnizarlos con un larde de adhesión tal vez extemporánea, tócale proponer soluciones, madurarlas y hacerlas fáciles”.
Es ahí donde a veces se falla en la misión del ejercicio. Nos limitamos a ser hipercríticos o superfluos por ocasiones, en dependencia de nuestras pasiones o concepciones pasajeras. Cuando lo que se debe es forjar y construir sobre la base de la conciencia, los valores, los principios, la justicia social, el bien común y la verdad como precepto:“Odio la pluma que no vale para clavar la verdad en los corazones y sirve para que los hombres defiendan lo contrario de lo que les manda la verdadera conciencia, que está en el honor, y nunca fuera de él”, sentenció.
¿Cuántas veces hemos propuesto con nuestros artículos soluciones a problemáticas sociales? ¿En qué ocasiones les dimos voz a quienes más necesitaban sin ser extremistas o imparciales? ¿Qué hacemos para hacer mejor nuestro trabajo? ¿Se aproxima el periodismo que realizamos a lo que nuestro tiempo demanda?
El Héroe Nacional, José Julián Martí Pérez, constituye -sin importar el cambio de siglos-, un referente universal que nos obliga a cuestionarnos, reevaluar y corregir sobre la marcha cómo acercarnos a ser mejores en el periodismo, en particular, en el cubano.
El Maestro, al ojear sus textos, nos ofrece una clase magistral en cada línea de precisión, atemporalidad, narrativa, información, reflexión y moralidad, sin dejar de lado su visión, que no por impregnarla en cada obra, deja de ser objetiva.
Su humanidad como periodista fue tan grandiosa como su pluma, llena de pasión encarnizada y de un realismo con los pies en la tierra. Como expresó Juan Marinello del periodismo martiano:
“Parece innegable que fue el periodismo-un periodismo distinto, en que se vuelcan el gran escritor, el gran revolucionario y el gran artista-, el campo donde alcanza su más alto nivel”.