Para él no había más religión que profesar el bien. Nació el 5 de junio de 1844, en la antigua Villa de Santiago de Cuba, descendiente un catalán emigrado y una criolla-haitiana, padre de familia, conspirador independentista y político honesto, fue deportado en dos ocasiones.
Por sus méritos, en noviembre de 1898 fue elegido como Alcalde Municipal y en su gobierno promovió numerosas obras; brindó empleo a quienes lo merecían, favoreciendo a las mujeres y atendió con esmero las preocupaciones comunitarias, manifestando que el "Gobernante es un ser servidor del pueblo y no el amo"; Fue senador de la República en 1906, promotor cultural, bienhechor, escritor, historiador, orador e industrial afamado.
Con el mérito de que fue el Primer Alcalde que tuvo la Villa reconstruyó a Santiago luego de la guerra de 1898; fundó la Asamblea de Vecinos, un modelo avanzado de democracia, probando que los cubanos tenían facultades para ejercer un gobierno propio.
En esa etapa hubo un florecimiento urbanístico abriendo sus puertas a la modernidad: servicios comerciales, reabrió y fundó academias; promovió la construcción de aceras, dictó medidas contra el derroche de agua, la marginalidad y los habitantes callejeros, firmó leyes para disminuir el ruido ambiental. Electrificó una parte de la ciudad, rescató sitios patrimoniales, impulsó la educación, la cultura y la higiene.
Desarrolló planes que aún perduran, como el Museo Municipal fundado el 12 de febrero de 1899, primero de su tipo en Cuba, que en la actualidad lleva su nombre y fue declarado Monumento Nacional 1999.
Gracias a su labor en la institución se conservan valiosas reliquias de la gesta independentista, piezas de culturas aborígenes y una varida documentación histórica de incalculable valor. Exhibe objetos de civilizaciones milenarias; el museo posee una galería de Artes Plásticas, una momia egipcia traída por Bacardí. En ese período se fundaron la Academia de Bellas Artes, Ateneo Cultural, la Academia de Artes y Letras, la Academia de Historia de Cuba y la Sociedad Económica de Amigos del País y la Banda Municipal.
Sus Crónicas de recogen monografías, piezas teatrales, cuentos infantiles, las novelas Vía Crucis, Doña Guiomar y Filigrana. Pero su obra más importante fueron las Crónicas de Santiago de Cuba. Por su virtudes en 1906 fue declarado Hijo Predilecto de esta tierra.
A Bacardí se le agradece la instauración, por idea original de Ángel Chichí Moya, de la Fiesta de la Bandera. Chichí Moya encabezó y promovió una colecta pública y una vez reunido el dinero mandaron a confeccionar la bandera de grandes dimensiones y Emilio Bacardí, en su condición de Primer Alcalde de la Villa, instituyó la hermosa tradición en el Ayuntamiento de la localidad, -otrora Asamblea Municipal del Poder Popular.
Para bien de todos, izar la Enseña Nacional frente al céntrico Parque Céspedes fue un acto de renovación de las aspiraciones de los santiagueros, cada nuevo año. Se izó por primera vez el 31 de diciembre de 1901, justo a las doce de la noche, recibiendo el año nuevo.
En agosto de 1922, Emilio se retira de la vida pública y se refugia en Villa Elvira, pintoresca finca familiar, muy cerca del caserío de Cuabitas, en las afueras de Santiago de Cuba.
En la Villa, agravó su salud unido a los achaques propios de sus 78 años de edad. Quizás muchos no sepan que Bacardí vivió y pasó sus últimos días de su vida en ese lugar; luego del Triunfo de la Revolución se le dio diferentes usos hasta que el 23 de abril de 2019 se inauguró la escuela Amistad Cuba-Vietnam, para la atención a niños con necesidades educativas especiales.
Ya en las postrimerías de su existir preparaba un nuevo tomo de sus Crónicas -a las que dedicó años, 10 tomos que refieren detalles de la fundación de la Villa desde 1515-, que encierran en sus páginas un caudal de información e historia.
Con su salud deteriorada, algunos médicos le recomendaron viajar al extranjero, sin embargo, temeroso de que la muerte lo sorprendiera en tierras lejanas, se negó. El 25 de agosto sufre un infarto y tres días después, a las 6:00 de la tarde del lunes 28 de agosto de 1922, su médico anunciaba su fallecimiento.
La dolorosa noticia estremeció a todos, calles y plazas se llenan de personas, quienes protagonizaron una de las mayores manifestaciones de duelo vistas en Santiago. A las 3:10 de la tarde del 29 partió el cortejo desde Villa Elvira hasta el cementerio Santa Ifigenia.
Su cadáver fue llevado al Ayuntamiento, donde se le hizo un tributo especial, se arrió la enorme bandera del mástil para dejar que rozara el ataúd al compás de las notas del Himno Nacional, un hecho sin precedentes y que se registra como el Beso de la Bandera.
Al llegar al cementerio Santa Ifigenia, el ataúd fue depositado en una tumba muy humilde y el licenciado Antonio Bravo Correoso despidió el duelo. El 25 de agosto de 1925, a tres años de su muerte, los restos mortales se trasladaron al monumento funerario que lo abrigan.
Al fallecer, Emilio Bacardí Moreau dejó un incomparable legado de altruismo, diligencia, modestia y civismo. Por su loable acción es considerado un auténtico santiaguero, su vida y obra transciende en el tiempo.