Sergio da fe de los beneficios de las 63 medidas aprobadas en Cuba para impulsar la producción de alimentos: “La banca de fomento de la agricultura me concedió un crédito que asciende a 950 mil pesos y ya tengo 53 cabezas de ganado vacuno, aporto leche fresca a la industria procesadora y, dentro del programa de la Agricultura Urbana, Suburbana y Familia (AUSUFA) entregamos a las ferias de la ciudad de Santiago de Cuba y en el consejo popular Estrella Roja de mi San Luis natal; y, lógicamente, a ese pueblo mío”.
Cleger -como le llaman familiares y amigos- es hombre que, además, saca todo el provecho a la tierra que en estos lares es rica en lajas y el producto final el ladrillo de canto o la arena artificial, popularmente conocida como polvo de piedra. “En esta zona de Arroyo de Agua, la antigua carretera San Luis-Santiago es nuestra principal vía de comunicación y nos enfrentamos a un grupo de personas que se dedican al hurto y sacrificio de las vacas, toros y bueyes -que pastoreamos en potreros donde el marabú dominaba-; es uno de los mayores problemas junto al de la sequía que aquí golpea fuerte”.
Avicultor de experiencia, durante 18 años ha encontrado en la tierra la principal fuente de riqueza y se enoja cada vez que observa los altos precios que se superan, por mucho, los originales: “sabido es que en la comercialización están las causas fundamentales de la hiperinflación en el caso de los alimentos; aquí han venido personas con camiones para comprarme todo, porque saben que el quintal (cien libras) de yuca les saldrá a 500 pesos, pero los venden a otros que, para ganar la ofrecen hasta en 20 pesos la libra, es decir 2000 pesos el quintal.
“Nosotros preparamos la tierra, sembramos, cosechamos y tenemos nuestros compromisos con el Estado y la sociedad, no concibo que quienes no lo hacen ganen más que yo, por eso lo que produzco va a los mercados estatales, las ferias y se dona a círculos infantiles, hogares maternos y de ancianos y otros centros de importancia Social”.
Lo viable de las medidas aprobadas, con el objetivo de incrementar la producción de alimentos y satisfacer demandas no cubiertas de productos agrícolas, radica en el trabajo consciente, consecuente y continuo de quienes la ejecutan –desde el gobierno, las empresas y los bancos- y de los que están en los surcos.