En 1956 se sumó a una causa justa, como médico expedicionario del Granma, como internacionalista comenzó la travesía hacia lo más heroico que conocería la Mayor de las Antillas: Un hombre sin fronteras. Combatiente de disímiles batallas, luchó junto a Fidel, Raúl, Camilo. ¿Quién olvidará la batalla de Santa Clara, al presidente del Banco Nacional, al Ministro de Industrias?¿Quién podrá olvidar a ese hombre que abrazó a Cuba como suya?
Energía no le faltaba promoviendo el trabajo voluntario, en aras de lograr mayor conciencia productiva en el pueblo, siempre con el respeto, la dedicación y el compromiso que exigía. Todas sus conquistas estaban regidas por valores inquebrantables, que denotaban su personalidad y la convirtieron en única, inmensa, universal.
Cada atisbo de humanismo, generosidad y fortaleza constituyen una página de la historia de Cuba y de la Universal. Nuestra Patria siempre le estará agradecida.
El deber nunca olvidó tocar su puerta y fue así como, movido por el llamado de un futuro seguro para América, lo alcanzó nuevamente, ahora la parada sería Bolivia, una parada eterna.
Su esposa e hijos lo vieron partir, mas no volver. Orgullosos de un hombre que vivió para la Humanidad y no para sí.