Santiago de Cuba,

Ser, más que tener

17 June 2023 Escrito por  Mayte García Tintoré

Mientras caminaba escuché una conversación entre dos niños que aceleró mis latidos.

-‘Viste lo que dijo ese chamaco, que era mejor que todos nosotros porque su mamá tiene mucho dinero y viaja a comprar ropa’.

- ‘Compay, él se cree cosas, pero es brutísimo’.

-‘Acere, cómo me gustaría ser como él, y tener una mamá así’.

Tristeza, dolor, ira, sentí tras escuchar el diálogo que podía ser de sus hijos o los míos; pues corren tiempos en los que niños, adolescentes y jóvenes, no viven de espalda a tristes realidades; y sus conversaciones, su manera de actuar o reflexionar sobre un tema, llevan una buena cuota de la visión del mundo que les rodea.

187290995 104682251815806 792680400917024737 nComo un flechazo de verdades, vinieron a mi mente escenas de esa telenovela cotidiana que es la vida de los cubanos. Es una realidad -y dolorosa- que la marca de un zapato, una mochila o la vestimenta, en ocasiones determinen mucho más que la capacidad, la inteligencia y los valores que deben prevalecer.

Y es que el mal sobrepasa lo que enseñamos desde la cuna; esos modelos y principios inculcados por momentos se trastocan, porque en la sociedad se ha enraizado, como una vara para medir a las personas, ese refrán que dice ‘Cuando Tin tiene, Tin vale…’.

Por desgracia, la pirámide sigue invertida, quienes menos trabajan ni aportan a la sociedad, llevan los bolsillos abultados y contribuyen a exprimir los nuestros. Otros, que no se cansan de blasfemar de la Revolución, reciben de esta los mismos beneficios y privilegios; como se dice en buen cubano, ‘sin disparar un chícharo’.

En ese mar revuelto, hay de todo, los que laboran con amor a su profesión y esperan de usted solo las gracias; los que en puestos claves no se dejan sobornar, aunque sus bolsillos lloren; quienes exprimen la posición que desempeñan al máximo para sacarle provecho a lo habido y por haber; y los que permanecen a la caza para aprovecharse de las limitaciones o timar a sus semejantes, con total desprendimiento. En ese mar revuelto, también conviven sus hijos, los míos.

281345465 328538316018732 5118435284218250461 nY si de perjuicios se trata, súmele la crisis que atraviesa el país, que aunque es un fenómeno mundial, en el pellejo nuestro se siente por partida doble, porque un bloqueo aprieta fuerte, y se han sumado males que afloran las miserias materiales, esas que traen consigo las miserias humanas.

Sin duda, en esa sociedad diversa que hoy tenemos, en la que nuestros hijos no viven con los ojos vendados, a los padres nos toca la titánica tarea de educarlos; y ¡cuán difícil resulta!
Formar en valores, conducirlos con humildad, enseñarlos a que sean solidarios, humanos y desinteresados, es sumamente embarazoso, cuando en la calle, a escala social, la balanza en muchas ocasiones se inclina hacia un paradigma o ideal distorsionado.

Complicado es y mucho, explicar a niños, adolescentes y jóvenes, que no podemos complacer todos sus gustos, quizás ninguno de sus gustos, porque otras son las prioridades; también es difícil evitar en ellos las comparaciones, incluso impedir ponerle freno al bullying, cuando en la escuela o en el barrio, en ocasiones no son la regla sino la excepción.

Es verdad, los tiempos cambian pero quienes no podemos cambiar ni cansarnos somos los padres. Habrá que releerles una vez más ‘El Principito’, para que pongan pensamiento y corazón a esa frase que ha recorrido el mundo y que es lección para hablar del verdadero valor de las cosas: ‘Lo esencial es invisible a los ojos’.

354324620 231600396322459 8339386721949375680 nHabrá que desempolvar de los álbumes las fotos de familia; evocar -como una máquina del tiempo-, inolvidables recuerdos, esas historias de niñez y juventud en las que éramos tan felices, teniendo tan poco.

Y hasta sería oportuno contarles de la adolescencia de nuestra generación, en la que kikos plásticos y colegiales eran la opción de la gran mayoría de los estudiantes; los años duros del Período Especial y la resistencia del pueblo cubano; la hermandad de las misiones internacionalistas; de la solidaridad mundial que nos caracteriza; y por qué no, también deberíamos hablarles más de Fidel.

Es preciso, que sientan que se premia el mérito, el sacrificio, la buena nota, el éxito, los triunfos; que mamá y papá pueden ayudar a empujar la carreta, pero solo con el empeño personal y la voluntad estará garantizado su futuro. Que las acciones de hoy tendrán consecuencias mañana; y que cuando se educa a los niños no será necesario castigar a los hombres.

Nos toca alertarlos y alejarlos de sentimientos que laceran su conducta. Que sepan que la envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual. Que la modestia es el complemento de la sabiduría; y que si grandes hombres como el talentoso Beethoven dijo: ‘No conozco ningún otro signo de superioridad que la bondad’, ese es el camino; porque el sentido de la vida es tener valores, no cosas de valor.

Criar, educar, formar, instruir; hacerlos crecer para que se conviertan en hombres y mujeres de bien, es mucho más que dar comida, vestir y calzar. Resulta extremadamente complejo, en tiempos difíciles, donde los padres no siempre podemos solventar todas sus necesidades materiales y espirituales.

354490002 1240776979821340 2980771475472487420 nNo se trata de buscar culpables sino de corregir el tiro, para que el paradigma de nuestros hijos, no sea el más fashion, el de más like o quien más dinero posea, sino quien va dejando huellas en todo lo que hace. Porque los valores no se proclaman, se definen por los actos cotidianos.

Entonces, no es solo la escuela la garante de fomentarlos; no es la sociedad -por complejo que sean los tiempos- la única responsable de que aumenten conductas inadecuadas que ponderan la banalidad, la vulgaridad, el deterioro de valores esenciales. Es una trilogía hogar-comunidad-escuela, y cuando un eslabón falla se siente el descalabro; y cuidado, puede proliferar si no se toman las riendas.

No pretendo que mis hijos se parezcan a mí, son de la generación que los abraza; solo intento que juntos, usted y yo, el Estado, las instituciones educacionales, la sociedad en su conjunto, cerremos fila para que esos valores que se han visto en la cuerda floja, sigan conduciendo los destinos de las actuales y futuras generaciones de cubanos. Porque sin duda, necesitamos cada día mejores obreros, campesinos, profesionales, intelectuales, mejores estudiantes y trabajadores, pero sobre todo, mejores seres humanos.

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