Y tiene Marco Rubio un atributo que lo distingue: Su ignorancia. En días recientes, fue descaracterizado públicamente por su truco de utilizar la Inteligencia Artificial en su informe para acusar a la Revolución cubana, plagándolo de falsedades. En realidad, ante la falta de inteligencia natural, optó por la artificial. Y hasta en esto falló.
Marco Rubio es un despreciable producto del gobierno que representa, porque ese tipo de gobierno necesita tal material para lograr sus engaños, chantajes, amenazas, agresiones y despojos a otras naciones que no están dispuestas a la sumisión al imperio.
En el caso de Cuba, las mentiras de Marco Rubio sobrepasan lo inconcebible. Y no se cansa de repetirlas. Ahora su demencia lo ha llevado a autoproclamarse el sepulturero del socialismo en América y culpar a nuestro país de promover las protestas del pueblo norteamericano contra su gobierno.
A esas falacias se suma la de dar a cada rato un ultimátum al gobierno cubano y pronosticarle solo horas de existencia. Son aspiraciones que ni él mismo se las cree. Niega que exista el bloqueo yanqui contra Cuba a la vez que defiende el cerco energético, interfiere la adquisición de alimentos y otros recursos, y ha declarado una guerra abierta a la colaboración médica cubana en varios países.
Una de sus estupideces mayores es afirmar que todo lo que hace es para ayudar al pueblo cubano. Payasos como Marco Rubio abundan en el país yanqui. Lo cierto es que será el propio pueblo de los Estados Unidos quien algún día le ajuste cuentas a esa camarilla encabezada por Donald Trump, un presidente que si hubiese justicia en ese país, en lugar de la Casa Blanca, estaría en una prisión.