Detrás de esa energía multiplicada que salta a la luz en estos muchachos -que a veces ni pasan los 14 años-, hay escondida una historia de abandono, de soledad en compañía; una madre que duerme a piernas sueltas sin importarle dónde y con quién está su hijo, un padre fantasma, la indiferencia de la familia...
‘Ellos se cuidan’, he escuchado decirles y luego lamentarse del problema. La juntamenta -como decía mi madre-, tiende trampas a cualquiera, máxime si es un menor de edad y su familiares no vigilan sus pasos.
Muchas de las peleas en fiestas y tumultos que terminan en hechos de sangre, tienen como detonante el aliarse a malas compañías.
A los hijos, no basta solo con amamantarlos y protegerlos en la infancia, el cuidado es eterno, una tarea que no tiene feriados, recesos ni días de vacaciones.
Es cierto que conductas impropias y la ocurrencia de hechos lamentables asociados a delitos van ganando terreno por estos tiempos convulsos, y en muchos casos involucran a menores y jóvenes. Entonces, se requiere actuar sin medias tintas, lo importante e impostergable, es actuar.
¿Dónde están los padres de estos menores que deambulan a altas horas de la noche o frecuentan lugares de adultos, sin la custodia de un mayor responsable?
¿Qué pudiera pasarles a quienes incumplen con la guarda y cuidado de sus hijos?
A madres y padres les corresponden, exclusivamente, la titularidad conjunta de la responsabilidad parental, derivada de la relación de filiación que les une a sus hijas e hijos (salvo excepciones que establece el Código de las Familias).
Pese a lo legislado, hay madres, padres o ambos, que no les brindan el cuidado y el amor que requieren ni asumen las obligaciones; otros ejecutan acciones que vulneran sus derechos y les llegan a ocasionar afectaciones físicas y síquicas.
Ante el incumplimiento grave y reiterado de los deberes que contiene la responsabilidad parental, puede determinarse privar de esta a madres y padres, mediante proceso judicial familiar.
Todo está legislado
El Código de las Familias regula los deberes inherentes a la responsabilidad parental, que incluyen, entre otros:
Ejercer su guarda y cuidado, amarles y procurarles estabilidad emocional, y contribuir al desarrollo de su personalidad.
Educarles a partir de formas de crianza positiva, no violentas y participativas; propiciar su sano desenvolvimiento.
Garantizarles condiciones de vida seguras, cuidar su higiene personal, salud física y síquica, y asistencia a los centros especializados que correspondan.
Protegerles, velar por su buena conducta y cooperar con las autoridades para superar cualquier situación o medio adverso que influya o pueda influir desfavorablemente en su formación y desarrollo.
Atender a la educación y formación integrales; inculcarles el amor al estudio, a la escuela.
Proveerles de alimentos, aun cuando no sea titular o no ejerza la responsabilidad parental, la guarda y cuidado, o cuando estén internos en un centro de educación o asistencial.
Dirigir su formación para la vida social; inculcarles el amor a la familia, a la Patria, el respeto a sus símbolos, al trabajo y la debida estimación de sus valores, a la dignidad y la honradez.
Velar porque disfruten de un entorno digital en el que estén protegidos ante contenidos que puedan perjudicar su desarrollo físico, mental o ético, o ante actos de discriminación y de violencia.
El Código de las Familias vino a complementar la protección legal establecida en la Convención sobre los Derechos del Niño, y en la Carta Magna; y reafirma la máxima del Comandante en Jefe: “Y en eso es en lo que más debemos pensar en los niños de hoy, que son el pueblo del mañana. Hay que cuidarlos y luchar por ellos, como los pilares con que se funda una obra verdaderamente hermosa y verdaderamente útil”.
Al igual que una buena parte del mundo, los cubanos estamos sumidos en una profunda crisis económica, que como en otras latitudes, genera inflación, escasez, y trae consigo males sociales y miserias humanas; esas que debemos enfrentar y ‘luchar con audacia, inteligencia y realismo’, como dijera Fidel, pues si algo ha distinguido a esta nación fuertemente bloqueada, es el humanismo y solidaridad de su pueblo, la valentía para sostener su proyecto social, y defender valores y principios en los que creemos.
El futuro precisa de hombres y mujeres de bien; y formarlos es una prioridad si queremos garantizar el mañana.
Detrás de un menor vendiendo en las calles, vagabundeando por las noches, delinquiendo, hay una lección no aprendida: padres que ignoran sus deberes, una familia que se aprovecha o se desentiende del problema en vez de involucrarse; un débil trabajo comunitario porque es ahí, en el barrio, donde todos se conocen, comentan y murmuran; donde las organizaciones tienen que tener el protagonismo y latir con fuerza, para velar por sus niños, adolescentes y jóvenes.
Todo está legislado, y cada quien tiene una responsabilidad que debe cumplir. La escuela no sustituye a la familia, es la segunda casa; la calle no suplantará jamás ni a la escuela ni al hogar.
Hay mucho por hacer, no podemos cansarnos de advertirlo. Los tiempos precisan cerrar filas. Un niño ávido de afectos, de protección y control familiar, puede que confunda el camino; por eso es preciso evitar que una mala elección cambie su vida y comiencen a desafiar el peligro. Esos errores se pagan caro, y marcan para siempre a quien pudo soñar en grande y perdió el rumbo.