Opinión
Los cubanos enfrentamos hoy una de las más crueles y enfermizas medidas yanquis con el mismo fin de hace más de 65 años: destruir la Revolución. Sin desechar ninguna medida anterior, discuten ahora suspender todos los vuelos desde Estados Unidos a Cuba, eliminar todas las remesas, castigar, incluso con altos aranceles, a todos los países que tengan misiones médicas cubanas, entre otras medidas genocidas. Y vuelven sobre el tema de una soñada transición en este país.
No es un “Spoiler” (usando términos acorde al tema), pero sí, voy a referirme a la influencia en el lenguaje por el consumo de productos en diferentes plataformas de redes sociales, principalmente en los jóvenes y adolescentes. A veces escuchar un tema de conversación entre ellos es sentirse que hablan un dialecto, o que lo hacen en códigos.
El transporte en Cuba es un tema que trasciende la simple movilidad; es un reflejo de la realidad social y económica de la Isla. A pesar de contar con un sistema de transporte diverso, es escaso el servicio que brinda, provocando que acciones cotidianas como ir a la escuela, o al trabajo se hayan convertido en epopeyas que laceran y complican la vida diaria de millones de cubanos.
Las paradas de buses en el municipio de Contramaestre amanecen repletas de personas que, esperanzadas, aguardan la llegada de uno de ellos, aunque es probable que no llegue a tiempo o, incluso, que no llegue en absoluto. La escasez de piezas de repuesto y la falta de combustible han generado una situación tensa en el servicio de transporte público del municipio.
Las ferias agropecuarias han sido durante años un punto de encuentro vital entre productores y consumidores. Pero en la actualidad, se ha observado un aumento significativo en los precios de los productos ofrecidos, lo que plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de estas ferias y su impacto en la economía local.