Nació el 18 de febrero de 1818, fue un revolucionario y poeta cubano y cuando el pueblo de Bayamo, su ciudad natal, decidió incendiar la ciudad para evitar que cayera en manos de los españoles, huyó a refugiarse en el monte, contrae tifus y le salieron úlceras en los pies; casi indefenso fue capturado por los españoles tras ser delatado por Luis Tamayo, quien anteriormente había servido bajo su mando.
Cae prisionero en el campamento de Santa Rosa, Cabaiguán en Las Tunas el 12 de agosto de 1870, lo trasladan varias veces hasta llegar finalmente a la cárcel de Santiago y condenado a muerte por un tribunal militar. Enfermo, con los pies ulcerados y cansado de tan largo viaje fue fusilado el 17 de agosto de 1870.
Enfrentó la muerte como un digno revolucionario, pues como el mismo dice en las notas del himno nacional, que además fueron sus últimas palabras ante el paredón: “Morir por la Patria es Vivir”.
En carta a su esposa, un día antes de morir, le dejó escrito: “En el cielo nos veremos y mientras tanto, no olvides en tus oraciones a tu esposo que te ama”.