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Era una tarde cálida cuando mi mamá, a través de la ventana, me señaló a una enfermera. "Mira", me dijo con una sonrisa nostálgica, "ella me sostuvo la mano cuando sentí que no podía más". No recordaba su nombre, ni su voz, pero sí la calma de su presencia, la firmeza con que le susurró: "Tú puedes, ya falta poco". Esa mujer, una de las tantas enfermeras anónimas de Cuba, encarnó en segundos la esencia de una profesión que hoy, 12 de mayo, se celebra con orgullo en la isla.
Celia es una figura insoslayable en el espíritu de la Revolución Cubana. Su vida, marcada por una entrega absoluta y una discreción legendaria, su profunda importancia para el triunfo revolucionario y su legado perdurable, merecen ser recordados y analizados, incluyendo esa faceta maternal que trascendió los lazos de sangre.
“Esta es nuestra Revolución, es la Revolución de todos, y este Primero de Mayo será nada más que el inicio de todos los primeros de mayo que se sucederán, en los cuales las fuerzas armadas del Ejército y las fuerzas armadas del pueblo desfilarán codo a codo, como ha sido hoy por primera vez en la historia de la Patria cubana”.
El consenso social es esencial para preservar y fortalecer la unidad que “…debemos cuidar como la niña de los ojos”, así como “Una revolución solo puede ser hija de la cultura y las ideas”, ambos enfoques brindados por los líderes de la Revolución Cubana, denotan la importancia que tiene preservar los valores que distinguen a los pueblos.
El 22 de abril de 1960 el Comandante en Jefe Fidel Castro llamó a la juventud cubana a cubrir las plazas de maestros rurales que llevarían la luz de la enseñanza a los más recónditos parajes de las montañas, y haciendo realidad el Programa del Moncada, empezarían a transformar el panorama de analfabetismo y pobreza reinante en los campos.